Esa extraña tarde Su había sentido que no estaba sola, como si un pequeño trocito de nube le acariciara la cara y secara todas esas lágrimas que por fin había derramado. Las tardes de los jueves se convirtieron en una brisa de oir y de sentir, en el vuelo de mil mariposas sobrevolando las ganas de olvidarse de todo y dejarse colgando, suspendida en ese inmenso torbellino del vivir.
Pero fuera todo seguía su curso, nada de Fran y pocos recuerdos de Alvaro.
Érase un caballo con un cuerno y dos brillantes alas, que al galopar solo lo hacía en círculos, nadie sabía por que nuestro particular unicornio era negro ni de dónde había salido, las mozas del pueblo soñaban que era un principe y que pronto se llevaría a una de ellas con su magnífico galope por los cielos, surcando el horizonte, se veían con la melena al viento y su traje de seda ondulante en el viento. Las patas de aquel animal se hacían invisibles cuando mirabas fijamente el rastro circular que dejaba, los viejos lloraban creyendo que eso no era nada bueno para su pueblo y que los niños en su afán de seguirlo caerían locos por no poder definir su trayectoría. El caso es que el caballo alado no dejaba indiferente a nadie. Una noche de Abril, el caballo místico escondió su cabeza junto con su gran cuerno y todo el mundo dice que sus patas se hicieron invisibles, su cuerpo tomo forma humana y aquel maravilloso corcel se hizo hombre, eso solo duró unas horas en las que pudo escribir con grandes letras: -Aquí amé, el amor de mis días y de mis noches está ausente pero su recuerdo volará conmigo por siempre. Después de esa noche nadie volvió a ver al unicornio negro, pero aquello que escribió quedó grabado en un círculo concéntrico.
28 de junio de 2010
24 de junio de 2010
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Amanecía noviembre, el otoño estaba instalado, los tonos rojizos en el cielo y las hojas que caían lentamente hacían que Su no quisiera salir de ese estado en el que se encontraba, era Noviembre y era jueves, como cada jueves iría a ver a la abuela de Fran y comer con ella, ya no tenía motivos para hacerlo ni siquiera sabá muy bien si quería o no llegar allí. Pero la esperanza de saber algo de él la inquietaba, no coincidir en el metro, no recibir ni uno solo de sus mensajes, ni llamadas, ni nada, solo un vacío y el silencio....cuánta soledad. Necesitaba ver a alguien y decidió compartir ese tiempo con ella.
Cuando iba de camino las pequeñas gotas de una llovizna de otoño cayeron sobre sus hombros...corrió hacia el metro. En el vagón pensaba que todo iría bien.
después de que entrara en casa de Leonor y la abrazara como nunca, ya no pensó igual, su primera frase fué:
- Sé lo de Fran......y lo de Alvaro. Siéntate niña
Su no dijo nada....por fin empezó a llorar, como quien sabes que llora porque tiene alguien que la consuele...por fin empezó a sentir que necesitaba hablar con alguien y era una buena oportunidad.
- Le has visto?- dijo con voz casi agónica y sopesando a la vez si estaba bien decirlo o no
- No- dijo con una mueca de tristeza en su rostro, sabía que ella vendría a preguntar eso.
- No importa, yo seguiré viniendo a verla si me deja comer juntas los jueves.
- Porsupuesto si eres mi niña, como ibas a faltar, yo ya contaba con eso. Sientaté que es hora de la historia, porque eso también sigue igual.....
Y mientras Su hacia el gazpacho y ponia la mesa, la maravillosa abuela de Fran no paró de hablar, de una, de dos y de mil cosas a la vez, de cómo y cuánto, de dónde y de cuando....y Su fué feliz a su lado.
Es hora del café......dos abrazos y dos besos y hasta el jueves.
Cuando iba de camino las pequeñas gotas de una llovizna de otoño cayeron sobre sus hombros...corrió hacia el metro. En el vagón pensaba que todo iría bien.
después de que entrara en casa de Leonor y la abrazara como nunca, ya no pensó igual, su primera frase fué:
- Sé lo de Fran......y lo de Alvaro. Siéntate niña
Su no dijo nada....por fin empezó a llorar, como quien sabes que llora porque tiene alguien que la consuele...por fin empezó a sentir que necesitaba hablar con alguien y era una buena oportunidad.
- Le has visto?- dijo con voz casi agónica y sopesando a la vez si estaba bien decirlo o no
- No- dijo con una mueca de tristeza en su rostro, sabía que ella vendría a preguntar eso.
- No importa, yo seguiré viniendo a verla si me deja comer juntas los jueves.
- Porsupuesto si eres mi niña, como ibas a faltar, yo ya contaba con eso. Sientaté que es hora de la historia, porque eso también sigue igual.....
Y mientras Su hacia el gazpacho y ponia la mesa, la maravillosa abuela de Fran no paró de hablar, de una, de dos y de mil cosas a la vez, de cómo y cuánto, de dónde y de cuando....y Su fué feliz a su lado.
Es hora del café......dos abrazos y dos besos y hasta el jueves.
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