Quería pronunciar las palabras que se asomaban una y otra vez en mi mente, pero no las dejé salir, quizás porque era un día lleno de sensaciones extrañas.
Una pequeña llovizna en un cielo azulado recorría mil veces la acera rojiza por donde mis pasos me habían llevado, sin pensar en nada más, continúe por el camino sinuoso, quizás era un carril bici, pero que más da cuando no piensas, puedes pasar, te lo permites. Y eso fue lo que hice, pasar, de mi mente, del camino y de las gotas que insistían en mojarme. No había pájaros canturreando, ni arco iris a pesar de ser primavera, no había abrazos, ni había fotos guardando mis pasos, pero sobre todo no había palabras.
Un eco rompía mi parpadeo, insistía en que volviese, recogiendo los últimos rayos de sol que aún conservaba el día, pero yo sabía que no quería volver, me había ganado las ganas de callar y de permanecer en silencio, me había ganado el no querer y el ir desechando soluciones e ideas, me había ganado la soledad.
Una laguna se veía al fondo, estaba llena de agua verdosa, que dibujaba al compás del viento, círculos concéntricos en los que reverberaba el sonido de las hojas de los árboles algunas todavía secas del invierno. El aire me mecía en su silbido y se llevaba todos mis pensamientos, mis dudas y mis penas, el aire podía y yo lo dejaba ir, pero volvía y en silencio, silbando se reía dejándome atrás, pero tampoco quería alcanzarlo. Notaba que mis pasos cada vez se hacían pesados en el camino y que las ganas de decir no volvían.
No me di cuenta, y poco a poco, un humo invadió mi interior y con él me desvanecí lentamente, me convertí en una línea ligera y gris que fue evaporándose en medio de la naturaleza, me fui con mi soledad y mi tristeza, mis silencio y mis dudas.
Abri los ojos...la naturaleza sigue allí y yo aquí...en una quietud callada esperando evaporarme.
15 de abril de 2012
4 de marzo de 2012
Green
Cuando piensas en la vida, pequeña o grande, ves al final de ese pensamiento el verde asomar seguro y firme. Sus pasos siempre inundan de color positivo los días, suele aparentar fuerza porque cuando coge rayos del sol y agua de los ríos, su intensidad resplandece y parece que se hace más fuerte, más entero, más liso, más verde.
Se rodea de pequeñas vidas alrededor y simplifca su sencillez en una luminosidad verdosa, clara, que nos hace pensar si de verdad todo es tan positivo.
El verde es permisivo, nos invita a creer y a seguir, a utilizarlo como cumplimiento de una consecución de gestos o actos que terminarán casi siempre bien, porque empezamos en verde, en brote, en yema a punto de germinar, porque empezamos con ganas de crecer.
En sus más de cien tonos, el verde no significa nada si no ponemos los ojos en él , a veces pasa desapercibido en su abundancia en el campo o se confunde cuando el amarillo lo invade y lo convierte en lima, se mezcla con el azul en la exhuberancia del mar y se opone al rojo si queremos destacarlo sobre éste, el verde se oculta, tímido y receloso cuando nuestros ojos no le otorgan su lugar, prefiere huir con su etiquetada esperanza hacia lugares donde se camufle con la naturaleza, donde no destaque, donde sus ganas de expandirse pueda suceder sin que nadie se de cuenta y despliegue si intensidad, su brillantez y su fuerza.
Volando con la mente en verde puedo ser y regocijarme de positividad, puedo brillar y devolver ese brillo a otra vida, renacer y seguir creciendo sin parar, descansar y volver a empezar, untar de vida a los que me rodean y reir sobre la hierba que describiendo espirales crece hacia el cielo y sus ramas alargadas, sinuosas, verdes van dibujando mis pensamientos, mis ganas, con inquietas curvas líneas verdes que sencillas y calladas quieren continuar hasta que alguien pose sus ojos sobre ellas.
Aquí espero en las espirales verdes escondidas de mi mente.
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