3 de mayo de 2012

Mariposa


Esta mañana soleada y lluviosa, curiosa de Mayo, se asomo a mi ventana una pequeña mariposa, con sus alas desplegadas finas y azules en horizontal. 
Estaba esperando su llegada, desde que comprendí que solo es una y una de hoy que no vuelve. Sin respirar me detuve a observarla para que no se duerma, para que no se vaya.

Nunca supe si las mariposas tenían ojos o si su boca podría decir algo y busque en su silueta la voz dormida de un sonido quedo y sencillo. Nunca supe si sabían hablar o si hacían algún leve ruido que en el mas grande de los silencios podrías percibir.

Su aleteo nervioso, sin embargo, me invadió por completo y decidí mimetizarme con ella para saberme mariposa y acariciar los pétalos de las flores que destellan color y rocío, para saber que mis minúsculas huellas arrastran una milésima parte del agua que desprenden las verdes hojas en las que me poso, para batir las alas, cuanto más mejor, para alcanzar lo que mis ojos persiguen. Seguir y saberme decidida a seguir sin apenas hacer ruido, sin percibir mas que las ganas de recorrer lo que mi corta vida me deje. 

Soñar y volar siendo mariposa delicada y frágil, silenciosa, volando sobre el mundo, o lo que creo que es mi mundo. Mis alas desprenden su color en un apenas transparente y minúsculo vapor que nadie nota, mis pasos pequeños y suaves no hacen detener a nadie, son muy pocos los que consiguen verme y vuelvo a volar asustada, insegura, queriendo parecer no ser tan débil ante esos ojos que me observan o que quizá quieran decirme algo, pero el miedo me puede y vuelo rápida y me escondo entre la hermosura que desprende el valle que dibuja un rosal, escondida aunque haya espinas que me rozan y me dejan una señal no me importa, se que un día las podré borrar. 

Recorro caminos verdiblancos cálidos y cubiertos de una lluvia peculiar que solo la primavera puede dejar, admiro con cierto afán las personas que se separan de mi vuelo y sonríen al verme pero me dejan y se van porque saben que yo soy solo eso, un momento en su camino, un pequeño momento agradable y placentero que les anuncia la vida. Con eso mi aleteo aun es mas nervioso y no se apaga y sigo debajo del cielo, agitando mi incesante deseo de verlo todo, de sentirlo todo, entonces paro y vuelvo a verme y busco  en la naturaleza un lugar donde la belleza me oculte, donde su perenne primavera me deje, donde inevitablemente ya nadie me encuentre, busco y encuentro entre las aguas dormidas de un riachuelo y el sonido de los mirlos anunciando su presencia a los demás, busco y abatida mis ojos se cierran.

Posada en la ventana estoy junto a esa pequeña mariposa de alas azuladas, frágil y expectante, mi vida 
y la suya en una sola primavera, en solo mayo, en un solo sueño, encima del mundo y debajo del cielo.

15 de abril de 2012

Callada

Quería pronunciar las palabras que se asomaban una y otra vez en mi mente, pero no las dejé salir, quizás porque era un día lleno de sensaciones extrañas.
Una pequeña llovizna en un cielo azulado recorría mil veces la acera rojiza por donde mis pasos me habían llevado, sin pensar en nada más, continúe por el camino sinuoso, quizás era un carril bici, pero que más da cuando no piensas, puedes pasar, te lo permites. Y eso fue lo que hice, pasar, de mi mente, del camino y de las gotas que insistían en mojarme. No había pájaros canturreando, ni arco iris a pesar de ser primavera, no había abrazos, ni había fotos guardando mis pasos, pero sobre todo no había palabras.


Un eco rompía mi parpadeo, insistía en que volviese, recogiendo los últimos rayos de sol que aún conservaba el día, pero yo sabía que no quería volver, me había ganado las ganas de callar y de permanecer en silencio, me había ganado el no querer y el ir desechando soluciones e ideas, me había ganado la soledad.


Una laguna se veía al fondo, estaba llena de agua verdosa, que dibujaba al compás del viento, círculos concéntricos en los que reverberaba el sonido de las hojas de los árboles algunas todavía secas del invierno. El aire me mecía en su silbido y se llevaba todos mis pensamientos, mis dudas y mis penas, el aire podía y yo lo dejaba ir, pero volvía y en silencio, silbando se reía dejándome atrás, pero tampoco quería alcanzarlo. Notaba que mis pasos cada vez se hacían pesados en el camino  y que las ganas de decir no volvían.


No me di cuenta, y poco a poco, un humo invadió mi interior y con él me desvanecí lentamente, me convertí en una línea ligera y gris que fue evaporándose en medio de la naturaleza, me fui con mi soledad y mi tristeza, mis silencio y mis dudas.


Abri los ojos...la naturaleza sigue allí y yo aquí...en una quietud callada esperando evaporarme.